Light of my life (Casey Affleck, 2019.
EEUU): interesante, pese a no terminar de explotar, ni por asomo, todas sus
posibilidades, debut en la realización “convencional” (su anterior propuesta fue la
extrañísima I’m Still There) del hermano de Ben Affleck, Casey, rostro
visto en, entre otras muchas, el debut como director de Ben, Adiós,
pequeña, adiós, la aventura espacial de Christopher Nolan Interstellar,
o la desgarradora Manchester frente al mar. Un drama ambientado en un futuro
desolador donde una misteriosa pandemia ha aniquilado a la mitad de la
población mundial, y esa población ya inexistente no es otra que… la población
femenina, es decir, un virus que solo afecta a las mujeres y a las niñas.
Misteriosamente, la hija (una extraordinaria actriz) del protagonista no ha
sucumbido al virus, y vaga con su padre por la América rural. Affleck dirige
con sobrada elegancia (la fotografía en tonos grises, blancos y marrones es
fabulosa, y más aún cuando contrasta con los mucho más luminosos flashbacks de una anterior familia
feliz en un mundo también feliz) y agradecida lentitud, un relato
con unas pautas y lugares comunes ya vistos anteriormente en el cine de los
últimos años (Yo, leyenda, La carretera, Un lugar tranquilo), que quiere inculcar
en el espectador el sentimiento de terror pero al mismo tiempo rechaza ser un
film de terror, centrándose en el lazo irrompible entre un padre y su hija, y
la mayor parte del metraje lo consigue, pese a que el sopor asome en buena
parte del segmento central del relato, lo que hace que no termine de romper en
la gran película que su planteamiento y, en menor medida, su violento
desenlace, prometían.

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