Hunger (Steve McQueen,
2008. GB): un más que prometedor debut en la realización cinematográfica para
este director afroamericano que después deslumbró con la incomodísima Shame
y la prestigiosa 12 años de esclavitud, y que coincide en nombre completo con
uno de los principales rostros del star-system
americano de los años 60 y 70 del siglo pasado. Describe la sufrida existencia
(real) de un par de reclusos en una prisión norirlandesa a principios de los
80, los cuales provocaron un motín y una huelga de hambre realizada a posteriori por uno de ellos (un
fabuloso Michael Fassbender, habitual del cine de McQueen) para conseguir un
estatus especial para los presos republicanos encarcelados por el conflicto del
IRA y por la opresión de una Inglaterra por entonces gobernada por Margaret
Thatcher. El film, además de en la dureza y crueldad con la que esta gente era
tratada por los guardias de la cárcel, se centra en las últimas semanas de vida
del personaje de Fassbender. Muy a tener muy en cuenta, y en algún que otro
instante deviene en algo verdaderamente brutal, aunque su mayor logro sea la conversación, en
un plano único e inamovible, entre Fassbender y el sacerdote… más aún cuando el
resto del film prácticamente carece de diálogo. ***

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