Glass (Michael
Night-Shyamalan, 2019. EEUU): discreta excusa de cierre a la prácticamente
“involuntaria” trilogía de los “superhéroes mundanos” iniciada veinte años
atrás por Shyamalan con El protegido, todavía a día de hoy
su obra más redonda. Este relato final une a los tres personajes principales
(los dos de El protegido y el muy bien dibujado individuo de múltiple
personalidad de la, valga la redundancia, notable Múltiple), que están
encerrados en un hospital psiquiátrico donde se les estudia por una doctora que
no cree, ni por asomo, en sus poderes. Interesante por lo que conlleva a nivel
temático y algo sombría en tono, resulta sin embargo decepcionante, sobre todo
en su último acto, con el habitual, y no por ello esta vez brillante (ni mucho
menos), giro final en la trama, el cual flaquea el conjunto final de manera
sensible, aunque la idea de este final
twist es bastante sugerente. Un cierre flojo a una de las mejores historias
del cine fantástico contemporáneo.






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