Green book (Peter
Farrelly, 2018. EEUU & CHI): agradable, y pare usted de contar, film de
carretera centrado en la superación de estereotipos por parte de un chófer racista
que debe llevar a un pianista negro durante una gira por una Norteamérica
difícil para los afroamericanos, esto es, a principios de los 60. Poco a poco
se forjará una férrea amistad entre los dos hombres. Drama de buenas
intenciones (para colmo, su final transcurre en Nochebuena) que choca con la carrera de su director
durante más de dos décadas, la cual estuvo definida por la comedia gamberra más
(las primeras muestras) o menos (las últimas) divertida y acertada. Bastante
“básica”, simple y estereotipada, por decirlo de alguna manera, aunque está
ejecutada con sensibilidad y sin chirriantes cambios de tono, lo cual es de agradecer.













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