Blood father (Jean-François
Richet, 2016. Francia): esperado regreso al género criminal y de
acción (no de su protagonista, Gibson, pues parece una versión híbrida de lo
que interpretara en Al límite y Vacaciones en el infierno) de un director galo que dio que hablar hace más de una década cuando rehizo, con más
entretenimiento que verdadera vigencia- no obstante, fue un film aceptable- el clásico de John Carpenter Asalto a la comisaría del distrito 13.
Similar afirmación puede decirse de este thriller. Entretenido y estilizadísimo,
pero por lo demás plano, sobre todo a nivel de guión, que además está mal
perfilado y donde Michael Parks está desaprovechado. Gibson protegerá a su hija (Erin Moriarty) cuando ésta acuda a él tras verse involucrada en un turbio asunto de traficantes y cárteles mexicanos por culpa de un novio (Diego Luna) al cual llamarle tonto es quedarse
corto. Alguna escena violenta destacable para un film que no decepcionará a la
gente pero al que los tiempos obligan a empujarle al fondo del armario de la serie B... y fuera de Hollywood, ya que es un film enteramente producido en Francia.








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