Zombeavers (Jordan Rubin, 2014. EEUU): desfachatez de serie vaya usté a saber qué que
se ríe de sí misma, lo cual provoca la minicarcajada cómplice, sobre todo
gracias a la imagen, debido a su ridícula motricidad, de esos artificiales
castores zombies sacados de una tómbola de feria, los cuales, por cierto,
acaban infectando a los sufridos y cafres protagonistas humanos. Para ni
considerar perder el poco tiempo que dura.





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