Lucifer (Tom Kapinos & Jerry Bruckheimer, Fox,
2015. EEUU): una serie que, sin estar mal gracias al carisma de su protagonista (entre
la pluma gay y la exclusividad y encanto que le proporciona su acento galés,
que lo aleja de un sitio tan poco británico, en todos los sentidos, como la
ciudad de Los Ángeles) y el personaje que interpreta, el Diablo (alguien con
posibilidades creativas infinitas), se pierde en la estructura- y entre la marabunta- de
series de investigaciones policíacas al uso (subgénero buddy, para más inri, acompañando a una agente, cómo no, extraordinariamente atractiva), las cuales chirrían como
descaradamente postizas para hacer avanzar una trama principal, la de los
dimes, diretes y conflictos entre el personaje principal y su relación con la
raza humana, que no debería haber tenido problemas en erigirse en algo realmente
grande. Lo mejor son las constantes referencias verbales, chistes y demás (para mí no lo fue, pero para otra persona tanta reiteración puede resultar molesta) sobre
el personaje, quizás uno de los más abordados en toda la historia de la
literatura y el cine. Producida por Jerry Bruckheimer, quien hiciera posible algunos de los productos más estruendosos del cine americano de acción de los 90.






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