Moneyball (Bennett Miller, 2011.
EEUU): segundo largo, tras la magnífica Capote,
de uno de esos directores americanos a los que la crítica otorga un prestigio a
veces discutible, centrado aquí en los entresijos del béisbol profesional, con
un equipo que logra éxitos a base de talento y creatividad en su “sala de
máquinas” en vez de firmando a los jugadores más caros. Brad Pitt es el rostro
que vende, aunque Jonah Hill es quien se lleva el gato al agua con su cuidada
interpretación, pese a que no consigue que el tedio y la pesadez ocasionales
del relato desaparezcan, y es que la historia está narrada con un ritmo más
cercano al cine independiente que al drama deportivo de toda la vida. Con todo,
y gracias a su elenco de interesantes secundarios (sin profundidad alguna), se
deja ver. ** ½

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