Arrival (Denis Villeneuve, 2016. EEUU): el
carácter trascendente en los últimos tramos de Christopher Nolan, especialmente
en su Interstellar, el naturalismo visual de Terrence Malick (a la cabeza
vienen imágenes de La delgada línea roja, El árbol de la vida y El nuevo mundo)
y el apego a lo pseudo-divino de las Señales de Michael Night-Shyamalan son
solo tres de los muchísimos puntos de atracción de la nueva producción de Denis
Villeneuve, la cual culmina su proceso de consolidación como uno de los
cineastas de mayor interés del panorama internacional, aparcando aquí sus
siniestros thrillers anteriores en
pos de un asombroso drama sci-fi
no exento de intriga y con una sobrecogedora revelación final. Imprescindible
verla más de una vez para entender (y apreciar) los matices de su excepcional
guion (a partir de un breve relato de Ted Chiang al que estoy deseando echarle el guante) y su ejemplar traslación por
parte de Villeneuve, que hace uso de su compositor habitual, Jóhann Jóhannsson (ver
el momento en que una nave se ve en plenitud por primera vez) para crear esa
atmósfera de inquietud tan suya. Hermosa y esencial, pone al género fantástico
en un lugar en el que pocos films del pasado lograron estar.






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