The girl on the train (Tate Taylor, 2016.
EEUU): inevitable y, gracias a Dios, (raspado) suficiente- sin alardes, con tufillo a
telefilme pero sin obviar su carácter lustroso, apoyado en la popularidad del best-seller- adaptación construida sobre
el molde, y constantemente mirando con el rabillo del ojo, de la mucho más
lograda Perdida (Gone girl, David Fincher) de hace un par de temporadas. Como
el film de Fincher, esta nueva muestra de intriga juega constantemente con la
posibilidad de que la heroína sea la villana, pero al contrario del film de
Fincher, trabajo, por cierto, con una precisión de un reloj suizo, aquí se
convierte en una amalgama de mal desarrollados y confusos flashbacks dirigidos de forma que cualquier espectador medio
espabilado sepa por dónde van a ir los tiros una vez pasada cierta escena con
Lisa Kudrow en el tren. Menos mal que posee cierto empaque en el aroma a thriller de tímido misterio de su
tercio final, para mantener el interés en la audiencia. Y la cámara no se mueve
mal del todo. Pero lo que es densidad y complejidad, cero.








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