He got game (Spike Lee, 1998. EEUU):
aceptable, aunque no excelsa, propuesta del icono por excelente de la cultura
afroamericana en el cine, que se sirvió aquí de un deportista (jugador de
baloncesto) profesional, Ray Allen, ex de Seattle Supersonics y Boston Celtics,
entre otros, centrándose en la tumultuosa relación entre un padre encarcelado (un
inspirado Denzel Washington) y su vástago. Al padre le prometen una reducción de
su condena a cambio de convencer al chaval, gran promesa emergente del
baloncesto, de que firme por la Universidad de Big State, ya que el gobernador
del estado es un acérrimo fan de dicha institución. Lee usa todo tipo de
maniobras de estilo, sobre todo en lo que concierne a la edición, tan
habituales en su manera de crear cine, por otra parte, en un trabajo que destila aroma personal, pese
a que la subtrama de la prostituta (Milla Jovovich) sea un total despropósito. Desmedidamente ambiciosa pese a poseer escenas de incontestable aplauso.



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