A lonely place to die (Julian Gilbey, 2011. Gran
Bretaña): un thriller rural potente e
impecable en su primera mitad (en las montañas/tierras altas de Escocia) y ya no igual
de contundente ni con las mismas prestaciones en su segunda (en el pueblo),
bastante más vulgar y cercano a la situación común, como el equipo pequeño que
se desfonda jugando con inusitada intensidad en los primeros tiempos de
los partidos contra los grandes, quedando a merced de ellos en la reanudación.
Un grupo de senderistas serán objeto de caza de unos criminales tras rescatar a
una niña de ser enterrada viva. Temáticamente similar a la ya lejana y
espectacular Máximo riesgo (Cliffhanger, Renny Harlin, 1993), supuso una más
que agradable sorpresa en el Festival de Sitges su año.










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