Colors (Dennis Hopper, 1988. EEUU):
quizás el largometraje más flojo del Hopper director, quien fuera estandarte de la contracultura cinematográfica con Easy rider (1969), firmando
aquí un realista drama entre lo social y el policial, donde dos agentes de la ley combaten la violencia de bandas en Los Ángeles. Capacidad narradora e ímpetu no
destacan entre las cualidades de uno de los rostros capitales del cine USA de
los 70, cuya torpeza ensombrece el impacto que podría ofrecer, a nivel de
efectismo, el notable guion. Demasiados temas a abarcar (debería haberse
centrado en el contraste entre el sadismo de Sean Penn y la indulgencia de
Robert Duvall) para que el único momento memorable del relato sea el de la
muerte de Duvall, quién está especialmente bien, sin apenas enforzarse, ni siquiera en esa mencionada escena.





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