Kill list (Ben Wheatley,
2011. Gran Bretaña): un independiente, atrayente y archiviolento thriller inglés, cercano al terror, ideológicamente macabro y evocador, en su tercio final, de una de esas extrañas joyas del género de los 70
como es El hombre de mimbre (The wicker man, Robin Hardy, 1973) y que, aun
conteniendo ciertas florituras arthouse
(una banda sonora algo vanguardista y cierta tendencia al naturalismo), termina
emergiendo como un estupendo film de género cuyo objetivo principal es hacer
ver al espectacular la maldad humana. Dos exmilitares se ganan la vida ahora
como asesinos por contrato. Tras aceptar un trabajo encargado por un misterioso
anciano, sus vidas se convertirán en una sádica pesadilla. Guión endeble aunque bien construido
sobre la complejidad moral, donde uno de los protagonistas es un buen padre y
marido, aunque con unos brotes violentes acojonantes, mientras el otro es un
ferviente creyente. Gran película para un fan de lo aventurero y de la mixtura
de géneros.










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