Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975. EEUU, GB & Irlanda): delicatessen en forma de ostentosa
adaptación de la famosa novela The luck of Barry Lyndon, de William Makepeace
Thackeray, donde Kubrick, en su segundo y último largo (guísimo)metraje de los
70, demostró un notable pero excesivo sentido del esteticismo, entregando un
trabajo visualmente espléndido, tan espléndido que aparca en ocasiones la
propia historia de este oportunista y canalla antihéroe irlandés. Un film que,
como la mayor parte de los de su director, gana con los años y posteriores
visionados pese a su algo inconexo, pesado y hasta, en algunos instantes,
fúnebre estilo narrativo, así como también por su ritmo, que adolece de
similares características. Posiblemente el trabajo menos (injustamente)
valorado y menos popular de toda la carrera de Kubrick, ya que nunca fue un
director de grandes masas, además de que supuso el plan B del cineasta inglés
tras naufragar su mastodóntica recreación de la vida de Napoleón Bonaparte,
film que llevaba preparando desde que terminase 2001: una odisea en el espacio
(2001: a space odyssey, 1968), por mucho que entre medias llegara su controvertida y sobrevaloradísima La naranja mecánica (A clockwork orange, 1971).







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