No way out (Roger Donaldson, 1987. EEUU):
artefacto político noir convertido en uno de los thrillers norteamericanos más
efectivos de los 80, cercano al guilty pleasure, más allá del respeto que merezca el muy inverosímil
desarrollo de su trama, arreglándoselas para arrancar cierto aplauso hasta del
espectador más racional y sin ni siquiera mentar su imposible giro final. El
muy limitado Kevin Costner encadenaría una serie de títulos que le convertirían
en el rey del Hollywood entre la segunda mitad de los 80 y la primera de los
90, secundado por un magnífico Will Patton y un Gene Hackman que sin esforzarse
lo más mínimo, entregaría una interpretación que 10 años más tarde
prácticamente repetiría teniendo como partenaire a Clint Eastwood en su
igualmente entrenida y artificiosa Poder absoluto (Absolute power, 1997). El
australiano Roger Donaldson, artesano de Hollywood apto para toda clase de
medianías (firmó la popular Cocktail y el execrable remake de La huida) dotaría
de un ritmo a la cinta que sólo se volvería a ver en su otro mejor trabajo,
ambientado, como este, en las altas instancias del gobierno USA: la rigurosa y notable Trece días (2000).



No hay comentarios:
Publicar un comentario