Middle men (George Gallo, 2009. EEUU): scorsesizada mirada hacia
los albores de uno de los negocios más lucrativos del mundo, como es el de la industria
del porno (y, por el efecto dominó, el comercio en general) online. En los lejanísimos 90, un eternamente
soso Luke Wilson interpreta a un abogado que se asocia con dos colgaos cocainómanos que, casualidad,
han ideado un sistema para empezar a cobrar, mediante tarjeta de crédito, por
servicios de pornografía en Internet, convirtiéndolo en la gallina de los
huevos de oro. El poder seductor de la riqueza fácil, el sexo aún más facil,
las fiestas, la droga, gangsters rusos, un James Caan tan- en esta ocasión- poco resultón como Wilson y la interminable voice over de este último conforman
un viaje que se puede realizar pero nunca, ni una sola escena, perdura en la
memoria, quizás por culpa de los continuos y, llegado un momento, molestos
saltos en el tiempo, por mucho que estén debidamente señalizados y por mucha carne femenina que luzca en pantalla.






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